Problemas lógisticos y tensión política: los efectos de no poder formar mesas el 14-F

Los expertos en procesos electorales coinciden en que en estas elecciones catalanas habrá una fuerte presión logística y, probablemente derivado de ello, tensiones políticas

0
106
Recuento de los votos del censo español de eesidentes ausentes (CERA) en las últimas elecciones gallegas. (EFE)

La ley electoral garantiza la formación de las mesas electorales en los comicios catalanes del próximo 14 de febrero, pese a las más de 20.500 personas que ya han solicitado ser eximidas por la pandemia. Existen diferentes mecanismos contemplados en la propia legislación para asegurar el proceso de votación aunque se produzcan ausencias de los miembros llamados a formar parte de las mesas electorales, pero no para evitar que se acumulen retrasos sobre los tiempos establecidos.

De lo que no hay duda, según coinciden los expertos en procesos electorales, es que en estas elecciones catalanas habrá una fuerte presión logística y, probablemente derivado de ello, tensiones políticas más o menos sobredimensionadas con la voluntad de sembrar dudas. Principalmente, si los resultados no ofrecen un claro ganador y si la aritmética para las diferentes opciones de gobernabilidad que surjan de las urnas son ajustadas, pudiendo variar escaños por puñados de votos. A todo ello se suma el hecho del auge en el voto por correo, con un récord de 183.000 solicitudes, añadiendo así más tensión al recuento de la noche electoral y distorsión a los avances de participación.

El 25% de los convocados a las mesas electorales en Cataluña han presentado alegaciones

«Las mesas no van a quedar vacías, pero se puede retrasar su constitución. Y la evolución del escrutinio no puede darse a conocer hasta que se cierre la última mesa, por lo que podemos encontrarnos con que los datos se empiecen a volcar más tarde. Eso no significa que se pare el escrutinio, pero sí que tarde más en difundirse», explica Pablo Simón, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III.

Como ejemplo, pone lo sucedido en las últimas elecciones andaluzas de 2018. Entonces, se retrasó la constitución de una mesa y por tanto el horario de votación se extendió. La consecuencia fue que cuando comenzó a darse a conocer el escrutinio, ya se habían contado en torno al 20% de las papeletas.

Simón enumera que la formación de las mesas, que surge de un sorteo a partir del censo implicando a nueve personas (tres de ellas suplentes), estaría garantizada. Si no se presentan los seis miembros necesarios, lo cual puede llegar a tener implicaciones penales, una de las previsiones contempladas en la ley electoral (Loreg), recuerda, es que sea designada como integrante de la mesa la primera persona que se acerque a votar.

Otra de las posibilidades, continúa, es que los suplentes de mesas que sí se formen se designen a otra sin los suficientes integrantes. Esta opción quizá sería más problemática, en términos estrictamente legales, al igual que el hecho de demandar voluntarios, como se ha planteado. Con todo, Pablo Simón llama la atención sobre la necesidad de tener fórmulas preparadas para estas eventualidades, máximo, tras constatarse el alto número de alegaciones para no participar en las mesas electorales al considerar que no es seguro para la salud por la pandemia. «Se requiere un batallón de constitución rápida», sentencia.

 

El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí abunda en que estas elecciones son inéditas y conllevan un «gran estrés logístico y tensión organizativa». De ahí que subraye la importancia que debe tener «la capacidad operativa de respuesta de la Generalitat» para garantizar el proceso en este contexto. No descarta que se produzcan incidencias o situaciones problemáticas, pero advierte sobre el riesgo de que se sobrerrepresenten tanto en los medios como en el debate político. «Es habitual que se produzcan incidencias en la composición de las mesas, pero debe ponderarse la evaluación de estos episodios. Si ya suceden sin pandemia, en este contexto es todavía más probable, por lo que sería cauto antes de concluir que se está ante un problema que pueda poner en cuestión las elecciones», añade.

«Lo que sí parece claro es que votar en tiempos de pandemia reclama una logística nueva y quizá se debería empezar a pensar cómo hacer más eficaz el sistema electoral. El nuestro es uno de los más garantistas, pero vale la pena abrir el debate para mejorarlo y adaptarlo a una realidad, porque sabemos por la ciencia que pueden venir otras pandemias en el futuro», explica Gutiérrez-Rubí. «La sociedad puede estar confinada, pero la democracia no, y al igual que estamos adaptándonos a las nuevas circunstancias en la vida personal y profesional, debemos hacerlo también de cara a los procesos electorales».

 

Con una Loreg prepandemia, Pablo Simón tampoco descarta que aumenten los recursos o impugnaciones. «Eso puede generar retrasos, pero las juntas electorales de zona suelen resolver con rapidez y deberán estar trabajando ‘full time’ para ello, pero insisto en que siempre se buscan fórmulas para resolver las complicaciones».

 

Uno de los escenarios que podrían ser más conflictos, según señala Gutiérrez-Rubí, es que las opciones para la formación de Gobierno no rebasen con amplitud la barrera de los 68 escaños para la mayoría absoluta. «Si eso sucede, puede ser objeto de controversia política, con todo tipo de suspicacias que alimenten determinados partidos», principalmente si se acaba decantando la balanza en el voto por correo. En esta línea, Pablo Simón señala que el voto por correo de los residentes ausentes (CERA) va directamente a las juntas electorales y se cuenta tres días después. Un sufragio que, reconoce, podría hacer bailar algún diputado (en las últimas elecciones gallegas, sumó un diputado a favor del PP), pero en cualquier caso censura que esto se intente utilizar para sembrar dudas sobre el proceso.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here