Despedido por poner ‘El novio de la muerte’ en la ambulancia durante el aplauso de las 8

La empresa de vehículos de emergencias consideró que circular con el himno de La Legión justificaba el cese disciplinario, sin embargo, la justicia lo ve excesivo y lo declara improcedente

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Foto: EFE

Los hechos bien podrían servir para explicar el significado de la expresión «venirse arriba». En pleno confinamiento y durante el aplauso de las 20 h, el conductor de una ambulancia hizo sonar a todo trapo por la megafonía del vehículo el himno de La Legión, ‘El novio de la muerte’, en respuesta a los vítores de los vecinos. Además, saltándose los protocolos de seguridad anticovid, saludó dando la mano a los viandantes que paseaban cerca del vehículo. Todo ello fue grabado con el móvil por su compañero de servicio. Como suele suceder, el vídeo del episodio tardó poco en hacerse viral y hasta la prensa se hizo eco de lo sucedido. Los hechos ocurrieron en Huesca el pasado 28 de marzo.

 

La empresa gestora del servicio de ambulancias, sin embargo, no lo consideró tan divertido. Tras enterarse de lo sucedido al ver la noticia en los medios, tramitó el despido disciplinario del conductor. La carta con la notificación, remitida el 12 de mayo, justificó el cese en que la música reproducida «era un himno militar que podría herir sensibilidades históricas y políticas, además de atentar contra la neutralidad en el ámbito laboral» que exige el código de conducta de la compañía para evitar que los ciudadanos «pierdan la confianza» en un servicio de especial trascendencia.

 

La empresa alegó en la carta de despido que el himno de La Legión podía herir «sensibilidades históricas y políticas»

El vídeo, explicaba el escrito, «aparece publicado con gran difusión y comentarios (…), provocando un grave daño a la imagen y reputación profesional, no solamente de esta compañía, sino del resto de profesionales del sector, en un momento en el que la actuación de todo el sector sanitario está siendo ejemplar y de admiración, excepto las conductas que usted y su compañero deliberada y voluntariamente han tenido”. Además, se exponían las numerosas quejas de usuarios y clientes recibidas, entre ellas el servicio de emergencias de Aragón, con lo que la dirección consideraba evidente que se le había creado «un perjuicio de gran magnitud».

 

Los hechos descritos, según alegó la empresa, suponían una actuación fraudulenta, desleal, con abuso de confianza, indisciplinada, desobediente y que transgredía la buena fe contractual. Unos hechos «muy graves» merecedores del cese disciplinario. El empleado llevaba 19 años realizando su labor.

Sanción excesiva

El Juzgado de lo Social de Huesca, en primera instancia, estimó parcialmente la demanda del trabajador y declaró improcedente su despido, dictando una indemnización a su favor de 60.000 euros. Una decisión que el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Aragón ahora ratifica.

 

Según exponen los magistrados en la sentencia, si bien es cierto que los hechos probados describen un incumplimiento de los deberes del conductor, «deben ponderarse todos los aspectos objetivos y subjetivos, y las circunstancias concurrentes». En este sentido, para la Sala es relevante que los hechos se produjeran «en un periodo de confinamiento motivado por el covid-19 en el que era costumbre que los ciudadanos se asomasen a las ventanas y balcones a las 20 horas para aplaudir al personal sanitario, la policía y los militares por sus servicios en dichas circunstancias». A esta ovación, continúa, los empleados públicos respondían haciendo sonar sus sirenas «en contestación a dicho reconocimiento».

De este modo, el TSJ afirma que «el actor pudo excederse en poner la música de un himno, aunque igualmente debe de valorarse la circunstancia de que lo hizo al pasar al lado de dependencias militares, y por tanto como reconocimiento a su labor durante aquella época». También puede merecer reproche que diera la mano a otros conciudadanos sin la protección adecuada. «Pero debe estimarse que dichas circunstancias atemperan o atenúan la culpa del trabajador», de tal forma que no cabe entender que lo sucedido reviste la gravedad suficiente como para merecer la sanción más grave que prevé la normativa laboral, que es el despido disciplinario.

 

Por todo ello, finalmente, el tribunal rechaza el recurso interpuesto por la empresa y confirma la improcedencia del despido y la indemnización de 60.000 euros decretada por el juez de primera instancia.

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