Britney Spears, ¿secuestrada por su padre? La caída en desgracia de la gran estrella del pop

'The New York Times' ha producido el documental 'Framing Britney Spears', disponible en Movistar+, en el que cuestionan la tutela legal que ejerce su padre sobre la estrella

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Protestas en Los Ángeles en contra de la tutela legal ejercida por Jamie Spears. (Reuters)

Todo estaba preparado para que Britney Spears diera el pistoletazo de salida a su residencia en Las Vegas -el lugar donde van a morir las carreras de los más grandes del espectáculo, cuando la cantante se bajó del escenario y se negó a actuar nunca más. «Mi cliente me ha informado de que tiene miedo de su padre y que no volverá a actuar jamás si su padre sigue a cargo de su carrera», hizo público uno de los abogados de la cantante en noviembre de 2019. La caída en barrena de Britney Spears llevaba tiempo cociéndose, pero el punto de inflexión fue aquel día en el que la estrella de pop más importante del planeta Tierra entró de noche en una peluquería y exigió que le rapasen al cero. Era 2008 y Spears había encarnado el último estereotipo femenino juvenil, un producto masivo que aunaba juventud, frescura -procedía de una familia humilde de Kentwood, Luisiana, en el sur profundo de Estados Unidos- y esa mezcla absolutamente medida de pureza y picardía. Con su pelo largo y rubio platino, sus pestañas postizas y su vestimenta de colegiala sexy, Spears había pasado de ser una ‘mousketeer’ -una de las presentadoras infantiles del Club Disney de los noventa- a disco de platino con el bombazo de ‘Baby One More Time’, himno generacional indiscutible, y musa de las revistas y de las carpetas adolescentes.

 

¿Qué pasó para que la chica más popular de la clase acabase internada en un centro psiquiátrico -centro de descanso mental, que llaman los ricos-, incapacitada y tutelada por un padre que, aunque durante toda su vida estuvo desaparecido, es ahora el único capacitado para gestionar el patrimonio de la cantante? Más allá de los vídeos de una Britney enrabietada destrozando con un paraguas el coche de un paparazzo, el caso Spears entraña lo peor de ese modelo habitual en Estados Unidos de hijo sacrificado ante el dios espectáculo y de icono exprimido por los medios de comunicación hasta la destrucción de la persona bajo el mito.

Trece años después de que un juez dictara la incapacidad de Spears para cuidar de sus dos hijos y para manejar su propia vida, ‘The New York Times’ ha estrenado el largo documental ‘Framing Britney Spears’, disponible desde la noche del lunes en el canal Odisea de Movistar+, un repaso sobre el auge y caída del fenómeno Britney y sobre la posibilidad de que una mujer de 38 años, que trabaja incansablemente y genera un negocio de millones de dólares -su patrimonio se estima en 60 millones de dólares-, no tenga acceso a sus propias cuentas ni control sobre la gente que tiene acceso a su círculo próximo y esté supeditada a las decisiones de, en este caso, Jamie Spears. El movimiento #Free Britney -Liberad a Britney- ha encontrado en Jamie Spears su némesis: a él lo acusan de mantener secuestrada -o retenida en contra de su voluntad- a la artista.

 

El documental retrata al padre de la artista como un hombre obsesionado con el dinero -cuenta la ejecutiva de la discográfica que la descubrió que lo único que le dijo Spears padre sobre su hija es que iba «a ser tan rica» que le regalaría su «propio barco»-, un empresario sin mucho olfato para los negocios -la familia pasó grandes penurias económicas antes de que la cantante fichase por Jive Records e hiciese las primeras giras por los centros comerciales; en eso Omar Montes le ha copiado la estrategia- y como un progenitor ausente. Aunque el documental tampoco profundiza en la poca presencia que tuvo Lynn Spears, la matriarca del clan, en los peores momentos de la vida de su hija.

Britney Spears junto a Felicia Culotta (Fuente: Odisea)
Britney Spears junto a Felicia Culotta (Fuente: Odisea)

‘Framing Britney Spears’ cuenta, entre otros, con el testimonio de Felicia Culotta, quien fuera la asistente de Spears desde que salió de Kentwood hasta que Jamie Spears la apartó del cargo tras hacerse con la tutela. Y, como en el documental sobre Amy Winehouse que Asif Kapadia dirigió en 2025, la figura paterna no sale demasiado bien parada. Pero más allá de los intereses ocultos de la familia, el documental de Britney llama la atención sobre la figura legal de dicha tutela –en inglés, ‘conservatorship’-, un acuerdo legal habitualmente utilizado en el caso de que ancianos, enfermos o personas con discapacidad no puedan tomar decisiones o cuidar de sí misma, y en el que otra persona pasa a controlar la vida y las finanzas del tutelado.

 

Sin embargo, y según Adam Streisand, el abogado al que la cantante contrató inicialmente en el juicio que la inhabilitó, pero al que Jamie Spears desterró del caso-, desde un principio Britney se negó a que su padre gestionase su carrera y su patrimonio. Después de años de tiras y aflojas, Spears padre delegó en 2019 el poder en un custodio ajeno a la familia aduciendo problemas de salud. Una decisión que llegó justo después de que Spears cancelase su residencia en Las Vegas y se negase a ingresar un euro más en las arcas familiares.

Britney Spears (Fuente: Odisea).
Britney Spears (Fuente: Odisea).

La TV Movie también analiza cómo la caída en desgracia de la reina del pop no sólo ocurrió delante de los ojos de los medios de comunicación, sino que plantea también el papel de los mismos dinamitando la salud mental de una veinteañera sometida constantemente al acoso de los paparazzi y al escrutinio público. En la era post Instagram, el fenómeno paparazzi queda como algo obsoleto e inútil -¿quién va a perseguir a un famoso cuando todos ellos cuelgan sus fotos más íntimas gratuitamente en las redes sociales?-, pero a principios de los 2000 Los Ángeles era un hervidero de fotógrafos buscando la instantánea del pubis al aire de Lindsay Lohan -a la que llegaron a apodar en los blogs ‘Fire Crotch’, es decir, «entrepierna de fuego», por lo fogosa y por lo pelirroja que era- o la última vomitona pública de Paris Hilton. ¿Se acuerdan de cuando Kim Kardashian era la ‘amienemiga’ desconocida de la heredera hotelera?

 

Fue en este pleistoceno de blogs y realities de MTV cuando la novia de América del recién estrenado siglo XXI empezó a salir con el Ken de carne y hueso del grupo NSYNC, Justin Timberlake. Los dos eran guapos, jóvenes y exitosos. Los dos procedían del sur -Timberlake nació en Memphis- y los dos habían sido niños prodigio el el Mickey Mouse Club. A pesar de la imagen hípersexualizada de ella, defendían que eran una pareja virgen que llegaría limpia y pura al matrimonio. Porque el canon femenino que exporta Estados Unidos tan eficientemente reside en esta contradicción de santa y puta, no demasiado ni de lo uno ni de lo otro.

Fotografía de la cantante perteneciente al documental 'Framing Britney Spears' (Fuente: Odisea)
Fotografía de la cantante perteneciente al documental ‘Framing Britney Spears’ (Fuente: Odisea)

La pareja rompió como rompen los adolescentes, Timberlake la acusó de una infidelidad y América la tachó de adúltera y fulana. Timberlake, recordemos, es el mismo que dejó en bragas -literalmente en tetas- a Janet Jackson en aquella Super Bowl en la que todo se prepara milimétricamente salvo -¡salvo! y según Timberlake-, aquel número en el que él, inocentemente, le arrancó el sujetador a la hermana de Michael Jackson dejando un pecho a la vista de todos. La carrera de él despegó, la de ella se hundió, hasta el punto que durante casi una década estuvo apartada de la industria musical.

 

Tras la ruptura y con la prensa en los talones, el deterioro físico y mental de Britney quedó registrado a la vista de todos pero, en vez de poner freno a la persecución, la estrella adolescente se convirtió en un meme andante. Matrimonios exprés, divorcios igualmente exprés, luchas por la custodia y malas compañías. En 2008, los paramédicos ingresaron en dos ocasiones a la cantante en el ala de Psiquiatría, perdió la custodia de sus hijos y perdió su independencia. Sin ser un documental notable, ‘Framing Britney Spears’ pone en cuestión todo esa serie de catastróficas desdichas evitables que han roto a Britney, la persona, no el juguete. Hoy Britney ha conseguido -de momento- zafarse de la sombra de su padre, pero no ha conseguido recuperar su independencia. Seguirán las apelaciones y Britney seguirá pintando, subiendo stories de Instagram y, a lo mejor, hasta actuando. Y los fans y los detractores y los medios seguirán con su vida, como si nada hubiese pasado, como si lo más normal del mundo sea presenciar la autodestrucción de una persona, aplaudirla y convertirla en chiste.

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