Illa y Sánchez ganan, aunque tendrán difícil impedir un Govern independentista

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El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa. (EFE)

El PSC ha ganado las elecciones catalanas en votos y ha empatado en escaños con ERC. Tendrá muy difícil poder formar un Govern e impedir un nuevo Ejecutivo independentista y lo más probable es que Pere Aragonès (ERC) sea el próximo ‘president’ de la Generalitat, pero el éxito de Salvador Illa y de la operación lanzada por Pedro Sánchez desde la Moncloa es indiscutible.

 

Porque el PSC logra una espectacular victoria respecto a los resultados de 2017, al pasar de 17 a 33 escaños y, sobre todo, en relación con las expectativas previas a la designación de Salvador Illa como cabeza de lista socialista. Ha superado ampliamente en votos a ERC, pero le perjudica el reparto de escaños por provincias y por eso empata en diputados con el segundo partido.

 

Con este resultado, el presidente del Gobierno refuerza notablemente su posición política por el éxito de su apuesta y afianza su hoja de ruta para Cataluña basada en la vía del diálogo. Y además, se encuentra con un líder de la oposición, Pablo Casado, muy debilitado y cuestionado por un batacazo notable, al haber sido superado con holgura por Vox.

La otra cara del resultado es que el independentismo (ERC, JxCAT y CUP) se refuerza y supera el 50% de los votos y de los escaños por primera vez, lo que deja muy viva la opción de un Govern soberanista, como ocurrió en 2017 cuando el ganador fue Ciudadanos. Queda todo pendiente de las negociaciones a varias bandas y del mantenimiento de los vetos cruzados, pero la opción más probable sigue siendo la independentista, esta vez, liderada por ERC.

 

La diferencia ahora es que si no hay acuerdo entre ERC, JxCAT y CUP, los números dan para otra opción con PSC y En Comú. Esa es la presión que tiene el partido de Carles Puigdemont, que esta vez hay opción alternativa a la independentista y puede ser prescindible en caso de bloqueo.

 

El PSC partía de un lánguido segundo plano con Miquel Iceta y ahora la operación liderada por Pedro Sánchez tiene el éxito inmediato de ese resultado y, en segunda instancia, el éxito de intentar formar Govern, aunque sea de forma simbólica, y acercar la opción de tejer acuerdos de futuro que aseguren la legislatura y el Gobierno de coalición. La operación diseñada y ejecutada por Iván Redondo le ha funcionado a Sánchez.

 

Tiene otro efecto político favorable para Sánchez: el responsable de la gestión de la pandemia como ministro de Sanidad gana unas elecciones que su partido tenía perdidas, lo que supone reforzar las decisiones tomadas contra el coronavirus en el último año.

 

Illa ha manifestado siempre que si es el más votado se presentaría a una investidura. Aspiraría a tener los votos de En Comú Podem, de forma simétrica al Gobierno de coalición de Sánchez, e intentaría lograr el apoyo de ERC. Entre los tres, sobrepasarían los 68 escaños como tripartito de izquierdas o Govern en minoría con apoyo parlamentario.

El PSC puede también ofrecer sus votos a Aragonès, en un acuerdo simétrico al del Congreso de los Diputados. Algo parecido a lo que ocurrió en los 90 cuando José María Aznar gobernó en España con apoyo de CiU y Jordi Pujol tenía el del PP en Cataluña.

 

Sin embargo, el problema para Illa es que Pere Aragonès y Oriol Junqueras han insistido en campaña y han firmado que nunca pactarían con el PSC. Si se mantiene ese veto se aleja la opción de Govern de Illa y se prolonga la incertidumbre sobre el futuro de Cataluña, con un nuevo acuerdo independentista en el horizonte, reforzado por ese 50% de votos y escaños. ERC sólo tendría margen para romper esa promesa si JxCAT obstaculiza el acuerdo.

 

El segundo partido en votos ha sido ERC, con muchas opciones de que su cabeza de lista sea el próximo president. De nuevo sus expectativas quedan parcialmente defraudadas en las urnas, porque las encuestas previas a la campaña electoral les daba como primer partido y se medía su posibilismo para pactar con Sánchez y defender una vía de diálogo. Pueden celebrar haber logrado superar a JxCat aunque sea por muy estrecho margen y, sobre todo, mantener opciones de formar Ejecutivo. Es decir, pueden sostener esa vía de pactos con el Estado.

Lo improbable es que Aragonès facilite que gobierne el PSC y lo probable es que intente en primera instancia un acuerdo independentista, coherente con sus mensajes de campaña, con JxCAT y la CUP, aunque también intentará incluir a En Comú.

 

En todo caso, el principal socio del Gobierno de coalición en el Congreso es ERC y en el caso de que pueda formar un Ejecutivo independentista, para Sánchez es una buena noticia que lo lidere Aragonès, en comparación con lo que hubiera ocurrido si hubiera ganado JxCAT.

 

La siguiente etapa de dificultad sería la de la mesa de diálogo, pero su constitución está en la hoja de ruta de Sánchez y en la de ERC. Sánchez puede sentar a Illa en esa mesa en situación de mayor fortaleza, esgrimiendo el hecho de ser el partido más votado de Cataluña. Tiene además el presidente del Gobierno el aval en las urnas y el margen político para ofrecer en ese diálogo el inminente indulto de los condenados por el ‘procés’.

 

El tercero en votos y escaños es JxCAT, cuya candidatura ha encabezado Laura Borràs, pero que lidera Carles Puigdemont desde Waterloo. Es una fuerza nueva, pero que procede de la antigua Convergència, que ha ido mudando de piel en los últimos años, provocando sucesivas escisiones y una progresiva radicalización.

La mayoría de los sondeos les daban como ganadores y perder la hegemonía del soberanismo les lleva a toda una autocrítica que supondrá un terremoto en su opción política. Por ejemplo, por el fracaso en las urnas de su opción unilateral de independencia y confrontación con el Estado, por la división de los últimos meses, sin la cual hubieran podido ganar, y también por la posibilidad de romper con Carles Puigdemont y todo lo que supone desde lo que considera el exilio.

 

Su fuerza es que mantienen en su mano la capacidad de negociación para que Aragonès pueda ser ‘president’, pero con un inconveniente: ahora sí hay alternativa con PSC y En Comú si se niegan a pactar con ERC. No pueden jugar al todo o nada. En esa posición está también la CUP, que ha ganado cinco diputados, y que sigue teniendo en sus manos un nuevo Govern independentista.

 

Si JxCAT hubiera ganado y fuera la fuerza hegemónica del independentismo, como aseguraban las encuestas previas, la legislatura hubiera sido mucho más complicada para Sánchez, porque hubiera sido más difícil el acuerdo político y porque habría fracasado la opción pactista y posibilista de ERC. En el capítulo de éxitos, es notable el de la ultraderecha de Vox, que no solo entra en el Parlament por primera vez, sino que irrumpe con tanta fuerza como que se convierte en el partido hegemónico del espectro político que va desde el centro a la ultraderecha y es la cuarta fuerza política de Cataluña. La aparentemente fallida moción de censura ha terminado siendo un éxito para el partido de Santiago Abascal.

Ese desplazamiento hacia la ultraderecha de ese electorado tiene también efectos en el escenario político español, porque supone un fracaso del PP de Pablo Casado y del Ciudadanos de Inés Arrimadas. Vox tendrá 11 escaños, PP tendrá tres y Ciudadanos, que ganó en 2017 con 36, baja hasta seis.

 

Casado se volcó e involucró mucho en la campaña, hasta convertir el resultado en un plebiscito sobre el rumbo que ha pretendido dar a su partido y, especialmente, de su distanciamiento de Vox. Y en la primera comparecencia en unas elecciones tras ese gesto en la moción de censura de Santiago Abascal se ve superado ampliamente por el partido de ultraderecha, pierde un escaño y, sobre todo, será el octavo partido del Parlament.

 

Su proyecto es reunificar el centro y la derecha y, por el momento, nada indica que lo vaya a tener fácil. El PP es irrelevante en el País Vasco y Cataluña. La suma del desastre electoral y los escándalos del PP que marcan la agenda dejan el liderazgo de Casado en el aire y permiten a Sánchez tener enfrente un líder de la oposición muy debilitado. Queda en el aire si en estas circunstancias Casado mantendrá su negativa a alcanzar pactos de Estado, como el de renovación de instituciones, como el Consejo General del Poder Judicial.

 

La política de polarización mantenida desde Moncloa ha debilitado al PP, aunque ha fortalecido a Vox, con consecuencias imprevisibles.

 

Y Ciudadanos cae con un desastre sin paliativos para la candidatura de Carlos Carrizosa. Sus diputados, además, volverán a ser irrelevantes para formar Govern, sea cual sea la combinación. Arrimadas queda en situación muy precaria, Ciudadanos va camino de su desaparición, con la paradoja de que mantiene poder en comunidades como Madrid, Andalucía, Murcia y Castilla y León y en ayuntamientos como el de Madrid. Ahí es donde el PP puede buscar crecer con una opa a los dirigentes de Ciudadanos, allí donde comparten gobiernos.

En Comú Podem, que lideraba Jéssica Albiach, pierde voto, pero mantiene su ocho diputados, demostrando que tiene un suelo sólido. Desde que Unidas Podemos forma parte del Gobierno, se han celebrado tres elecciones, en País Vasco, Galicia y Cataluña, y en las tres ha perdido voto. Esta vez, mucho más mitigado porque mantiene los ocho de 2017, con un consuelo importante: la posibilidad de que sus diputados sean necesarios para formar mayorías y facilitar un Govern de ERC.

 

Incluso, cabe la opción de que gobierne con ERC, con apoyo en la investidura del PSC. Su primera opción era un Govern de izquierdas con ERC y PSC, con una cierta simetría con el de Sánchez. De esa forma, asegurarían también algún papel de Pablo Iglesias en los futuros diálogos políticos. No ha perdido voto en relación con el PSC y eso hace que se refuerce su convicción de seguir en la coalición con el PSOE. No hay razones para romper.

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