Erdogan acorrala al “Estado profundo” turco
Pablo Rodero | Asia, Destacados | 24 de enero de 2012
La historia de la República de Turquía es difícil de entender sin tomar al ejército como el elemento vertebrador de sus diferentes etapas. El Estado turco actual fue, de hecho, fundado por un militar, Mustafa Kemal Ataturk, que fue capaz de levantar un estado-nación de los despojos del viejo Imperio Otomano.
A lo largo de su relativamente breve historia, la República ha sufrido hasta cuatro golpes de estado, que corrigieron lo que para el estamento castrense suponían desviaciones respecto a la doctrina kemalista que abogaba por un estado nación laico y con la cultura turca como única identidad nacional. Durante décadas ese “estado profundo” se mantuvo en las sombras, siempre amenazante ante cualquier cambio de rumbo.
49 oficiales de alto rango fueron detenidos en lo que se consideró como el mayor golpe judicial al ejército turco en la historia
Tras presionar hasta la caída en 1997 del que fue el primer gobierno liderado por un islamista en Turquía, Necmettin Erbakan, el ejército turco no fue capaz de evitar la inapelable victoria del AKP, el partido islamista del ex alcalde de Estambul y actual primer ministro, Recep Tayyip Erdogan en 2002. Fue al año siguiente cuando la fiscalía del Estado turco asegura que comenzó a planearse un complot para hacer caer al nuevo gobierno, el conocido como caso Ergenekon por el que se está desarrollando un macroproceso en el que se juzga a centenares de ciudadanos turcos, mayoritariamente militares (retirados y en activo), pero también varios periodistas, políticos y académicos.
El caso Ergenekon
La trama comienza a salir a la luz pública con el descubrimiento de un alijo de armas con sellos militares en 2007 tras un atentado en la sede del periódico de orientación laica Cumhuriyet. Mientras, en las altas esferas del Estado se desarrollaba una pugna entre laicos e islamistas ante la inminente llegada a la Presidencia de la República de Abdulah Gül, número dos del AKP y entonces ministro de Exteriores.
Ya en 2008 y con el tándem Gül-Erdogan al frente del Estado, se llevaron a cabo las primeras detenciones entre las que destacaban las de varios ex altos cargos militares y el periodista Mustafá Balbay, columnista del periódico Cumhuriyet, anteriormente mencionado. En total 86 detenidos a los que la fiscalía acusaba de organizar una trama golpista mediante una campaña de desestabilización que incluía atentados y asesinatos selectivos y que legitimara una intervención del ejército para restablecer el orden. En octubre dio comienzo el juicio.
El proceso judicial prosiguió mientras aumentaba el número de personas detenidas para ser juzgadas por su supuesta implicación en el complot. En 2009, un CD encontrado en el despacho del comandante Levent Bektas tras su detención, destapó el conocido como “Plan de acción de la Operación Jaula”. El CD supuestamente contenía los detalles de un plan consistente en perpetrar atentados contra minorías étnicas y religiosas del país para generar una situación de confrontación social que hundiera el gobierno del AKP. Fue entonces cuando la trama se relacionó con el asesinato del periodista armenio Hrant Dink en enero de 2007. El caso que se ha resuelto recientemente no ha podido ser ligado a la trama golpista, pero ha despertado una amplia protesta en la calle y de los medios afines al gobierno, que exigen que se tire más de la manta para descubrir a los verdaderos impulsores del asesinato.
Operación Mazo
En febrero de 2010, durante una visita a España del presidente Erdogan saltó la noticia de que una oleada de redadas estaba teniendo lugar en Turquía. Fueron detenidos medio centenar de oficiales del ejército, entre ellos el ex jefe de la Armada, Ozden Ornek; el ex jefe de la Fuerza Aérea, Ibrahim Firtina, y el antiguo número dos del Estado Mayor, Ergin Saygun. Todos ellos estaban acusados de participar en la llamada Operación Mazo (Balyoz), relacionada con la trama Ergenekon y supuestamente diseñada por el general retirado Çetin Dogan.
El caso que se ha resuelto recientemente no ha podido ser ligado a la trama golpista, pero ha despertado una amplia protesta en la calle y de los medios afines al gobierno
49 oficiales de alto rango fueron detenidos en lo que se consideró como el mayor golpe judicial al ejército turco en la historia. En las siguientes fechas el número de militares encarcelados ascendería a 200. En la misma línea que el resto de detenidos en relación con Ergenekon, se les acusaba de tratar de generar una situación de caos que legitimara un golpe de estado militar, en esta ocasión mediante dos atentados contra mezquitas en Estambul y el derribo de un caza del ejército del que se culparía a la aviación griega, provocando un grave incidente internacional. El entonces jefe del Estado Mayor, Ilker Basbug, mostró su enfado por lo que consideró como un intento de tratar de “hacer política” a costa del ejército.
Tras una reunión con Erdogan y Gül, convinieron solucionar los problemas “dentro del marco del orden constitucional y de las leyes”. El propio Basbug ha sido uno de los últimos detenidos en el proceso hasta la fecha. El día 5 de enero de este año, habiendo dejado ya el puesto de jefe del Estado Mayor, la fiscalía ordenó su encarcelación en relación a la trama Ergenekon, concretamente se le acusaba de dirigir una red de webs críticas con el gobierno para tratar de desestabilizar el país. El general Basbug se ha convertido en el oficial de más alta graduación en ser detenido a lo largo del proceso por el Caso Ergenekon.
Detenciones de periodistas
En los últimos meses, las detenciones han continuado y su objetivo ha dejado de ser exclusivamente el estamento castrense. A comienzos de 2011 se introdujo en la trama un nuevo elemento, el Caso OdaTV, un portal de noticias de corte nacionalista y crítico con el gobierno del AKP. En el transcurso de la investigación fueron detenidos una docena de periodistas que están siendo juzgados actualmente, acusados de participar en Ergenekon utilizando su trabajo como tapadera para su “actividad terrorista”.
Las acusaciones no demasiado sólidas y el hecho de que uno de los detenidos, Ahmet Sik, se encontrara escribiendo un libro sobre las conexiones entre la policía y el movimiento islamista liderado por Fettullah Gülen, hicieron ver las detenciones como una estrategia para amedrentar a la oposición aprovechando la coyuntura del caso Ergenekon, que parecía estar convirtiéndose en un pozo sin fondo de detenciones sospechosamente indiscriminadas.
Así, lo que comenzó como un proceso contra una organización ultranacionalista clandestina en 2007 se está convirtiendo en un auténtico circo mediático al que se van sumando cada vez más nombres (ya son 15 periodistas detenidos en relación con Ergenekon) sin terminar de cerrar ningún fleco de la investigación. Ergenekon se está empezando a convertir en una hidra con demasiadas cabezas que, innegablemente tiene dividida a la sociedad turca.
Los golpistas del 1980, al banquillo
Paralelamente al trabajo de la judicatura, del que el ejecutivo presidido por Erdogan se ha declarado totalmente independiente, el gobierno islamista viene desarrollando una serie de modificaciones en la constitución vigente, instaurada por los militares en 1980 tras un cruento golpe de estado.
Valiéndose de su amplia mayoría conseguida en las últimas tres elecciones legislativas, Erdogan está tratando de adaptar el sistema parlamentario turco al modelo occidental, requisito exigido por Bruselas para avanzar en el ya longevo proceso de integración europea de Turquía. Entre estas reformas, las que más ampollas están levantando son las que acaban con la impunidad que los militares se reservaron para sí tras el golpe del 80.
En marzo de 2010 el ejecutivo presentó una propuesta de reforma de la carta magna al parlamento por la cual, entre otras cuestiones, derogaban el Artículo 15 que concedía impunidad legal a los autores del golpe de 1980. Las reformas fueron sometidas a referéndum en septiembre en medio de una potente campaña propagandística que convertía la consulta en un punto de inflexión hacia la islamización de la sociedad turca (según los nacionalistas) o hacia la definitiva democratización del sistema y el fin de la impunidad del “estado profundo” (para los islamistas). El resultado final fue una victoria del “sí” con un 58% de los votos y un 73% de la participación que fue interpretado como un triunfo personal de Erdogan y del AKP. Los datos, por otra parte, también ponían de manifiesto la polarización de la sociedad turca, a juzgar por la división geográfica del voto, muy similar a la de las elecciones de 2007.
Con la inmunidad militar abolida, ahora se está tratando de llevar al banquillo a los pocos y ancianos militares supervivientes que participaron en el golpe de 1980. Entre ellos, el que fuera presidente de la República y cabecilla del alzamiento y la posterior represión generalizada, Kenan Evren. A sus 94 años vive alejado de la vida política, disfrutando de un agradable retiro y dedicado a la pintura. Amenazó con suicidarse si era llevado a la justicia hace un año, veremos si ahora cumple su advertencia.
¿Justicia social o creciente autoritarismo?
Tras casi una década en el poder, el islamismo moderado propugnado por Erdogan ha demostrado ser una fuerza política solvente que combina un liberalismo económico que cuadra a la perfección en los esquemas occidentales con una religiosidad sin estridencias que conecta más con la realidad social del pueblo turco que el laicismo nacionalista abanderado por el kemalismo, al menos a juzgar por el apoyo electoral que viene recibiendo el AKP en comparación con sus oponentes más directos, el CHP.
La lucha por el poder, tanto la visible como al oculta, que vienen protagonizando laicos e islamistas desde 1997 parece haberse decantado definitivamente del lado de estos últimos lo que ha desencadenado un proceso irreversible de desarticulación del viejo “estado profundo” turco. La duda ahora es lo que Erdogan, libre de ataduras por el lado de la vieja guardia kemalista, estará dispuesto a llevar a cabo. Las detenciones con pruebas no demasiado solventes de periodistas y académicos pueden ser un mal presagio de un posible deriva autoritaria. Además, Erdogan ha visto reforzada su posición internacional en el mundo árabe tras las revueltas de 2011 lo que podría hacerle virar del viejo objetivo europeo hacia la otra orilla del Bósforo, dejando de lado el tedioso proceso de integración en la UE y volcándose en Oriente Medio, sin necesidad de seguir profundizando en las reformas del sistema político turco hacia una democracia liberal a la europea.
Bridget Kendall señala en BBC News que el caso Ergenekon es una prueba de fuego para demostrar la independencia de la judicatura turca respecto al poder ejecutivo. Las acusaciones deben ser ahora demostradas y el resultado del juicio repercutirá en la credibilidad del supuesto proceso democratizador desarrollado por el AKP y el propio Erdogan, así como en la polarización creciente de la sociedad. Elementos que serán fundamentales en el papel internacional que podrá desarrollar el Estado turco en los próximos tiempos.


