Choques políticos enturbian la retirada de la última estatua de Franco de una calle

El PP y Vox no secundaron la iniciativa del resto de partidos representados en el Gobierno de la ciudad autónoma, en manos de Ciudadanos

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Retiran la última estatua de Franco presente en una vía pública. (EFE)

La última estatua del general Franco en una vía pública española fue retirada ayer martes sigilosamente y en medio de una gran polémica iniciada tras la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica. Operarios de la ciudad de Melilla desmantelaron por la tarde la figura moldeada en bronce del dictador que llevaba 44 años expuesta, casi ininterrumpidamente, primero en una calle y ahora a los pies de la ciudadela. El Gobierno melillense no quiso anunciar de antemano cuándo sería retirada por temor a que se produjese una concentración de la extrema derecha para despedir a Francisco Franco, pero la noticia corrió como la pólvora y en cuestión de minutos transeúntes y periodistas acudieron al lugar.

Operarios retiran la estatua de Franco.
Operarios retiran la estatua de Franco.

Casi 14 años después de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica, su aplicación no está siempre exenta de problemas. El presidente melillense, Eduardo de Castro (Ciudadanos), convocó un pleno urgente de la Asamblea de Melilla el pasado lunes para aprobar de una vez la retirada de la estatua que el ayuntamiento encargó en 1975, tras la muerte de Franco, al escultor castrense Enrique Novo Álvarez y que primero fue colocada en la Cuesta Florentina en 1978. Como España iniciaba su andadura democrática no hubo inauguración oficial.

El pleno aprobó por 14 votos la retirada en “un día histórico”, según se felicitaron los diputados del PSOE y de Coalición por Melilla (CpM, formación local afín a la comunidad musulmana, que gobiernan la ciudad junto con Ciudadanos. A ellos se les unió curiosamente el antiguo líder de Vox, Jesús Delgado Aboy, que hace tan solo unos meses se fotografió ante la estatua con la bandera española, pero que el lunes aplaudió a rabiar en el pleno junto con sus antiguos adversarios. El Partido Popular (PP), que cuenta con 10 de los 25 escaños de la Asamblea, se abstuvo mientras que el único diputado de Vox votó en contra.

Reacciones políticas

Javier da Costa, de Vox, tachó de “sectaria” la Ley de la Memoria Histórica. El portavoz del PP, Miguel Marín, hiló más fino para justificar su abstención. Explicó que la obra de Novo Álvarez trascendía a la figura de Franco para representar “a los militares que acudieron al socorro de la ciudad en 1921 para proteger a los melillenses del asedio a la que estaba sometida por las tropas” del líder rifeño Abdelkrim. La placa al pie de la estatua rinde homenaje a Franco no como caudillo, sino como “comandante de la Legión” que salvó a la ciudad. Por eso los populares, que gobernaron Melilla hasta junio de 2019, la mantuvieron. Su partido, recalcó Marín, pide “un homenaje a aquel episodio” cuyo centenario se cumple ahora.

Dunia Almansouri, de CpM, replicó que el ayuntamiento acordó en 1975 “erigir una estatua al Generalísimo Franco” y no al comandante. “Lo de la placa se añadió años después”, precisó Elena Fernández Treviño, consejera de Cultura del PSOE. Acusó a sus adversarios de “tergiversar la historia” y les recordó que “la Legión no fue la primera en llegar en socorro de la plaza” melillense, sino el Regimiento de la Corona. “Franco era entonces uno más en medio del centenar de comandantes que desembarcó en Melilla”, recalcó.

Más allá del debate histórico, el PP echó mano de argumentos más tradicionales. Juan José Imbroda, presidente del partido, denunció el empeño de sus adversarios por “sacar a hombros a Franco para intentar tapar una malísima gestión de la pandemia” como hizo en su día, por motivos parecidos, el presidente Pedro Sánchez al trasladar, en octubre de 2019, al difunto del Valle de los Caídos al cementerio de El Pardo. “(…) Aunque lo hagan, esa historia ha existido y no la borran quitando una estatua”, concluyó.

 

“Este Gobierno viene a cumplir la ley y esta Asamblea tiene la obligación de reafirmar los valores democráticos”, le respondió Fernández Treviño antes de que Almansouri prometiera acabar con “toda la simbología franquista de la ciudad” que prolifera en nombres de calles y placas conmemorativas. “Ya van tarde” en Melilla, comentó en su rueda de prensa la portavoz del Ejecutivo, la ministra María Jesús Montero.

 

“Este Gobierno —el de Melilla— viene a cumplir la ley y esta Asamblea tiene la obligación de reafirmar los valores democráticos”

 

La estatua de Franco fue desmontada, pero no hay que descartar que la decisión de la Asamblea sea invalidada por los tribunales si el PP la recurre. Imbroda dejó caer ante la prensa que estudiaba esa posibilidad porque en el pleno participó el diputado Mustafá Aberchán, líder de CpM. Fue condenado por el Tribunal Supremo, el 17 de febrero, a dos años de cárcel y 30 meses inhabilitación por la compra de votos emitidos por correo, pero, según el líder del PP, “no se han enterado”.

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