Castidad, Obediencia y Pobreza…Para El Tercer Mundo
Héctor Peco | Archivados | 20 de abril de 2009
Hoy en día la Iglesia posee una de las mayores riquezas del planeta. Los que pertenecen a ella defienden que los bienes materiales de esta son patrimonio de la humanidad y que nada les pertenece; los menos devotos piensan que la Santa Sede presume de votos y carece de humanidad para con sus “hermanos” como así nos denominó Jesús. Es por ello, que desde La Cuestión os queremos ofrecer los datos de cuentas y datos históricos que enseñan de dónde procede la riqueza de sus arcas para que juzgen ustedes mismos.
Desde tiempos inmemoriales el poder de la Iglesia ha sido enorme, tal vez porque las creencias y el miedo a lo desconocido era mucho mayor de lo que puede ser hoy en día. Su mayor explendor de poder llegó durante la Edad Media, con la instauración de la Inquisción (1184 en Languedoc, Francia); pero no vamos a remontarnos tanto, sino que vamos a acudir al siglo XX.
En 1929 la Iglesia atravesaba una situación crítica de sostenimiento económico. En Italia su poder se había venido deshaciendo desde hacía décadas, por lo que había perdido mucho poder en la sociedad italiana del momento. Mussolini vio en ello una herramienta para encontrar el poder. Le devolvió territorios que durante la Unificación Italiana les habían sido exhumados a la comunidad, mientras que la Santa Sede le ofrecía su respaldo en la conquista de Europa.
El Tratado de Letrán fechado el 11 de febrero de 1929, concedía al Vaticano una indemnización de 90 millones de dólares, que el Estado pagó en varios plazos para no desestabilizar la economía de Italia. Aquí, apareció un gran asesor de cuentas que se encargó de invertir la fortuna de la Santa Sede. Se llamaba Bernardino Nogara, del que el cardenal Spellman llegó a decir “después de Jesucristo es lo mejor que le ha pasado a la Iglesia”.
Una de las primeras empresas en las que invirtió el Vaticano fue Fobaproa, la cuál se hundió durante los años 30 y que la Iglesia se encargó de “encasquetar” a Mussolini por 630 millones de dólares, cuando su valor real en aquel momento era de prácticamente cero.

Por aquel momento regentaba Europa Adolf Hitler que pretendía ir haciéndose con el poder como anteriormente había hecho Benito Mussolini. A base de promesas de riquezas y dólares, consiguió que el Vaticano pidiese al partido católico alemán (oposición) el respaldo de Hitler como dictador alemán, a cambio los alemanes pagarían un nuevo impuesto que iba a parar directamente al papa. “Dos fascistas, un mundo, una sola Iglesia”.
En el caso español la Iglesia recuperó gran parte de su poder perdido durante La República, tras el final de la Guerra Civil en 1939. Franco la instauró como una de las bases de su poder. Se le condeció a numerosas congregaciones religiosas fondos que las levantaron del avismo económico en el que se encontraban, para consolidarse.

En la actualidad la Iglesia vaticana posee una riqueza incalculable, ya que sus bienes en muchos casos sólo aparece en sus balances con valores simbólicos, ya que sus valores son incalculables (véase Capilla sixtina, catedral de San Pedro…etc). Sus valores contables, según extiman reputados economistas rondarían los 12 mil millones de euros. El Institute per le opere di Riligione (El instituto para las obras de la religión) no tiene folios suficientes para calcular semejantes números. Este centro asegura la inmunidad de la Iglesia. Destruye la información cada diez años y la información que sale de él, sólo es conocida por el Papa y tres cardenales.
Para seguir cotizándose como valor seguro, tiene inversiones de gran embergadura en empresas como: General Motors, General Electric, Gulf Oil, Fiat, Casino de Montecarlo, Alitalia, Disney, IBM, entre más de una treintena, entre las que se encuentran: bancos, empresas dedicadas al transporte, hoteles, constructoras, en un largo etc.
En España, La Iglesia posee acciones en el grupo Inditex, de Amancio Ortega ¿se acuerdan?, Endesa, Banco Popular o Telefónica. Además cuenta con más de 100.000 inmuebles repartidos por todo el territorio español, que le hacen poseer el 80% del patrimonio nacional, según estimaciones realizadas meses atrás por El Mundo.

Siempre quedarán los pobres, los curas honrados y los ovispos financieros, porque cada uno interpreta los textos como quiere, o ¿es qué a caso en la Biblia no se nos presentó las historia de la multiplicación de los panes y los peces?, o aquella otra que nos incitaba a explotar cada uno de nuestros valores. Os lógico que la Iglesia sea libre para pensar y decir lo que quiera, por aquello de “VIVE RICO, VIVE LIBRE”.
